De repente, como un vendaval en medio de la nada, los pensamientos irrumpían con delicado filo en la pantalla frontal interna de Magnolia. Era una frecuente secuencia de reacciones en cadena que tenían como protagonistas a personas que, de manera silente, la habían afectado en los últimos cinco años. Por otro lado, la mejor profesora de música de la ciudad provinciana donde vivió su niñez, aquella dulce señorita que le enseñaba piano por aquellos lares y en aquel entonces, se casaba y se mudaba al sur del país, con su flamante esposo. Entonces Magnolia dejó de tocar el piano para siempre, añorando las superlativas clases de antaño. Esa pasión por el teclado quedó apresada en unas falanges largas y esbeltas. El tiempo pasó. Casi cuarenta años. Y por algún campo magnético ectópico en un mundo donde los electrones van y vienen con el avance de la tecnología a pasos agigantados, la pasión por el teclado resurgió en Magnolia. Pero no con el piano, sino con el invento que cambió la vida de la humanidad : el teclado de un ordenador conectado a internet. Y cuando el campo de electrones cambiaba de vector, Magnolia se despachaba con palabras violentas y enojadas contra alguien que le hinchara los gobelinos imaginarios. Pero las consecuencias negativas de su vigor sobre ese teclado, no tenían sentido alguno. Entonces, después de reflexiones, terapeutas, traspaso de olas gigantes, oraciones a los santos, y por decisión propia, echó a todos esos nefastos personajes del lóbulo frontal, y sin desdeñarlos, los quitó de su círculo de contactos. Magnolia se liberó. Ya no teme a nada. Ya no se atormenta por miradas o palabras necias de ese sórdido ambiente al que solo acude por obligación y sustento. Magnolia salió de las estructuras. Quiere parecerse a la Maga de Julio, quiere vivir como si cada segundo fuera el último día, plenamente desprendida de los abominables golpes de la tediosa rutina. Amén.
domingo, 23 de agosto de 2015
sábado, 22 de agosto de 2015
viernes, 14 de agosto de 2015
Compraventa insensata.
“Cante Cristo el Redentor, gima Judas el vendedor y ruborícese el judío, el comprador. Judas efectuó una venta y el judío una compra. Hicieron un mal negocio, ambos sufrieron pérdidas y se perdieron a sí mismos, tanto el vendedor como el comprador. Quisieron comprar, ¡cuánto mejor les hubiera sido ser rescatados! Judas vendió, el judío compró. ¡Desdichado contrato! Ni el primero tiene el precio, ni el segundo a Cristo. A uno le digo: « ¿Dónde está lo que recibiste?», y al otro: « ¿Dónde está lo que compraste?» A aquél le digo: «Tu venta fue un defraudarte a ti mismo» ¡Salta de gozo, cristiano, tú saliste vencedor del contrato entre tus enemigos! Tú adquiriste lo que uno vendió y el otro compró.”
(San Agustín - Del Sermón 336, 4)
Siempre existe un traidor vendedor, un interesado comprador, y quien queda como objeto de compraventa, se beneficia, libre a corto plazo, a diferencia de los dos primeros, que se gratifican en lo erróneo y sórdido.
domingo, 9 de agosto de 2015
Relationship

https://interlitq.wordpress.com/2015/08/09/la-comparacion-entre-pederastia-y-violacion-de-los-limites-en-la-relacion-entre-terapeuta-y-paciente-no-es-exagerada/
Se copia el enlace en el buscador y aparece la Nota Publicada.
sábado, 8 de agosto de 2015
Fragmento de Rayuela ( Capítulo 1)
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asormarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el petril de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentífrico. (.....) ( de Rayuela , Julio Cortázar ).
Romper cadenas intra-psíquicas.
Sentado en su poltrona desgastada, y cubierta con una alfombrilla de lujo que le habrían regalado, en un recinto colmado de libros, y algunos objetos antiguos, místicos, artesanales, atendía Robinson a sus pacientes. Los recuerdos de esas sesiones eran, para Justina, similares a la lectura de Divina Comedia. Todo estaba medio sucio y amontonado, pero el conjunto daba a la vista una sensación de calidez. A años de tratarse con este miembro de la APA, Justina no progresaba, más bien involucionaba. Que gran sujeto despreciable había resultado. A cuantas pacientes mujeres les habría sonado la vida con su seducción, machismo, falsedad y desprecio, disfrazándose de gran psicoanalista. Pero Justina pudo protegerse, porque cada vez que él le preguntaba si la podía abrazar, ella sentía que algo andaba mal y lo rechazaba. Justina pudo salvar su dignidad , a diferencia de otras víctimas que han caído en sus garras. Se sintió liberada, aquel día en que ella se atrevió a decir que la transferencia había terminado , y luego de un portazo clase novela mejicana, expresó: - que alivio, me siento curada.
viernes, 7 de agosto de 2015
El amante de la China del Norte - Marguerite Duras
Una casa en medio de un patio de escuela. Está completamente abierta. Parece una
fiesta. Se oyen valses de Strauss y de Franz Lehar, y también Ramona y Noches de
China que salen por ventanas y puertas. El agua chorrea por todas partes, dentro, fuera.
Lavan la casa a raudales. La bañan así dos o tres veces al año. Boys amigos y niños de la
vecindad han ido a mirar. Ayudan con grandes chorros, lavan, el embaldosado, las
paredes, las mesas. Mientras lavan, bailan con música europea. Ríen. Cantan.
Es una fiesta viva, feliz.
Es la madre, una señora francesa, quien toca al piano la música en una habitación
contigua.
Entre los que bailan hay un joven, francés, guapo, que baila con una chica muy joven,
francesa también. Se parecen.
Ella es la que no tiene nombre en el primer libro ni en el que lo había precedido ni en
éste.
El es Paulo, el hermano pequeño adorado por su joven hermana, la misma a la que no se
nombra.
Otro joven llega a la fiesta: es Pierre. El hermano mayor.
Se sitúa a unos metros de la fiesta y la mira.
Largo tiempo la mira.
Y luego lo hace: aparta a los pequeños boys que huyen asustados. Avanza. Alcanza la
pareja del hermano pequeño y la hermana.
Y luego lo hace: coge al hermano pequeño por los hombros, lo empuja hasta la ventana
abierta del entresuelo. Y, como si le obligara a ello un deber cruel, lo tira afuera como lo
haría con un perro.
El hermano pequeño se levanta y sale huyendo, grita sin palabra alguna.
La joven hermana le sigue: salta por la ventana y le da alcance. El se ha tumbado junto
al seto del patio, llora, tiembla, dice que prefiere morir a eso... eso ¿qué?... Ya no lo
sabe, lo ha olvidado ya, no dijo que era el hermano mayor.
La madre está otra vez al piano. Pero los niños de la vecindad no habían vuelto. Y los
boys habían dejado a su vez la casa abandonada por los niños.
Ha llegado la noche. Es el mismo decorado.
La madre sigue allí donde hubo la «fiesta» de la tarde.
El lugar está otra vez en orden. Los muebles están en su sitio.
La madre no espera nada. Está en el centro de su reino: esa familia, apenas entrevista.
La madre ya no impide nada. Ya no impedirá nada.
Dejará que se haga lo que deba ocurrir.
Y ello a lo largo de la historia que aquí se cuenta.
Es una madre desalentada.
Es el hermano mayor quien mira a la madre. Le sonríe. La madre no le ve.
..................................
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





